Hay días en los que la planificación perfecta se topa de frente con la realidad de los tiempos y la logística. Originalmente, esta sesión de pareja estaba pensada para hacerse en Casa Moreno, en Allende. Ellos buscaban un concepto rústico y vintage, y ese era el marco ideal. Sin embargo, por cuestiones de agenda, ese viernes era el único día disponible que ellos tenían y yo venía regresando de Comstock.
En lugar de hacerlos desplazarse hasta Allende en un margen de tiempo apretado, les propuse una alternativa: “¿Qué tal si aprovechamos mi regreso a Piedras y realizamos la sesión en el centro de Del Río?”
Al principio, cambiar una estética rústica por un entorno urbano o arquitectónico diferente puede parecer un giro drástico, pero ahí es donde entra la verdadera labor de un fotógrafo: la locación no siempre es la que imaginamos; a veces solo tenemos que aprender a verla de otra manera.
El mito del horario y el regalo de las nubes
La sesión la realizamos entre las 10:00 y las 11:00 de la mañana. Si estás en el mundo de la fotografía, sabes que este horario suele ser “el enemigo” para retratos en exterior: el sol directo genera luz dura, sombras muy marcadas bajo los ojos y contrastes difíciles de controlar.
Pero ese día tuvimos a unas grandes aliadas de nuestro lado: las nubes.
Recuerden siempre esto: las nubes son un difusor natural gigantesco. Funcionaron como una Softbox enorme en el cielo, suavizando la luz y permitiéndonos trabajar sin la agresividad del sol directo. No se trata de esperar al “clima perfecto”, sino de saber qué hacer y cómo aprovechar las condiciones que la realidad nos pone enfrente.
Una sola pose, infinitos ángulos y posibilidades
Una de las cosas que más quería compartirles de esta sesión es cómo una sola pose de la pareja te puede dar muchísimas fotos diferentes.
Antes, con las cámaras reflex tradicionales o las réflex antiguas, buscar ciertos ángulos era un verdadero reto físico: tenías que tirarte al suelo por completo para poder pegar el ojo al visor y encuadrar. Hoy en día, la tecnología de las cámaras mirrorless y hasta los mismos celulares nos han cambiado la vida. Con la pantalla abatible, simplemente bajas el equipo al nivel que necesitas y compones cómodamente sin perder el control de la toma.
Durante esta sesión jugué constantemente con esto:
Ángulos bajos (contrapicado): Para hacer que la arquitectura se sintiera imponente y darle peso a la pareja.
Ángulos neutros y altos: Para capturar tomas más íntimas o enfocadas en la interacción.
Planos abiertos, medios y cerrados: Variando la distancia sin necesidad de mover a la pareja de su lugar.
Líneas de horizonte y estructura: Aprovechando las escaleras, los barandales de herrería, las puertas y la simetría de la fachada para guiar la mirada.
(Aquí voy a incluir algunas fotos del behind the scenes que el peque de la pareja me capturó con el celular tirando foto desde abajo y entre los barandales, a la par de los resultados finales que logré con la cámara).
La fotografía editorial es una forma de ver, no solo un lugar
Al final, pasamos de una idea rústica en Allende a un resultado completamente editorial en Del Río. Y esto me reafirma algo en lo que creo firmemente: la fotografía editorial no depende exclusivamente de tener la locación “perfecta”. Depende de cómo utilizas la luz, los ángulos, las líneas del entorno y, sobre todo, de cómo diriges a las personas.
A mis parejas siempre les digo: no necesitan saber posar. Parte de mi trabajo es guiarlos en cada movimiento para que el resultado se vea natural y con intención.
Una buena fotografía no empieza con el clima ideal ni con el plan inicial intacto. Empieza con saber observar, adaptarse y encontrar posibilidades en lo que tenemos enfrente.

















